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El Copenhague-Barça, en un estadio de fútbol

La eliminatoria estrella de los cuartos de final de la Champions, con el AG Copenhague danés y el Barcelona como protagonistas, levantó tanta expectación desde el mismo emparejamiento en el sorteo de Viena que Soren Colding, el gerente del campeón de Dinamarca, no tardó en solicitar a la EHF que le permitiese organizar el encuentro en el Parken Stadium, el renovado estadio de fútbol de Copenhague con capacidad para 42.000 personas, y donde la temporada anterior se jugó la final danesa entre el AG y el Silkeborg, y que reunió nada menos que a 36.651 espectadores, que representa el récord mundial al margen de los rumores que siempre llegan de competiciones pasadas en Egipto.

Para recibir al Barça, el Copenhague ha readaptado el estadio a las exigencias de la EHF, y por eso, y gracias a la cubierta retractil, ha dejado la instalación en 22.000 asientos, aunque en el mejor de los casos se podría llegar a 25.000. El lunes se habían vendido 19.000 entradas, y el miércoles 21.000, con lo que si contamos a los rezagados de última hora, se podrían superar los 22.000 asientos previstos en un primer momento, y que no sería una entrada récord en la Champions, pero estaría entre los partidos con más público en directo en Europa.

El Copenhague nunca ha estado en la Final Four, pero representa y lidera la pujanza emergente del balonmano danés, actual campeón continental y subcampeón del mundo, con un jugador formidable en sus filas: el goleador Mikkel Hansen, elegido el mejor del último Europeo. Pasó sin pena ni gloria por el Barcelona, aunque su salida “se debió a que él quería volver a casa porque no se adaptaba a vivir solo”, comenta Masip, que no quiere que se le ponga el sambenito de que dejó escapar al mejor lateral izquierdo del momento. Hansen no dice nada, sólo que “jugar ahora contra el Barcelona es un sueño hecho realidad”, donde deja entrever cierto ánimo de revancha con su pasado.

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